Entradas

El desencadenante.

Cualquier cosa puede ser el desencadenante. Vas andando por la calle, tranquilamente, pensando en nada, y de pronto, al cruzar un paso de cebra, ahí está.    <<  ¿ Por qué tengo que cruzar por aquí? ¿Quién lo ha decidido? ¿Por qué todos lo aceptamos? ¿Y por qué aceptamos todas las cosas que se nos imponen aunque no tengan sentido? ¿Tiene sentido un paso de cebra?   Vamos, vamos, no seas tan así. Claro que sí.                    ¿Sí?   ¿ Se gu ro?  No sé, tienen que existir porque existen coches y peatones .  ¿Tienen que existir los coches? ¿Y de esta manera? ¿Así, dándoles toda la calle para ellos? ¿Así, cargándonos el mundo con contaminación y guerras?  ¡El automóvil es el fin del mundo!   Ya, ya… No empecemos.  O empezamos.  Tiene razón.   Bueno, vale, pero ya sabes cómo acaba esto .   Ya, ya… si ya  hemos term...

Desde el privilegio de la mayoría

A ti, que encajas en todo, que crees que todo está más o menos bien tal y como está (o incluso mejor tal y como estaba ), que nadas en el privilegio de sentirte uno con la mayoría, a ti no te permito juzgarme. Tú, que crees en este sistema al margen de sus imperfecciones, que crees que esta es la mejor manera posible (la única manera posible), tú no lo vas a entender. No puedes verlo. Y te cabrea que yo no crea en lo mismo que tú, porque te pongo en duda, te digo a la cara que no tienes razón. Y tú me escupes, me dices que me largue si tan poco me gusta, que salga de aquí, que cree mi propio mundo. Pero no puedo, no se puede. Lo tenéis todo. Yo no tengo el privilegio de creer en un sistema que ha ido creándose durante milenios para llegar hasta aquí. Tampoco a una sociedad apática que me permita campar a mis anchas. Nosotros nos ahogamos aquí, pero no tenemos adónde ir. Además, cada vez que alguien se atreve, que alguien lucha por salirse, lo perseguís hasta acabar con ello . ...

Excusatio non petita, accusatio manifesta

A quién se le ocurre proponerse crear una rutina nueva en medio de la fiestas (a mi ego le ha parecido una excusa convincente).

X

Estoy dispuesta a seguir ejemplo y a escribir como sadhana , como se medita o se hace yoga, como se escala o se corre, con el único fin de escribir y no de escribir de una manera, o para decir algo, o para que sea leído.  Y ahora me apetece escribir sobre el amor, pero solo divagar, sin ninguna tesis que argumentar, sin que estas frases sirvan de precedente.  ¿Qué es amar? No estoy segura. El amor se siente diferente con cada persona. Supongo que es algo inherente a amar a alguien, porque el amor está conformado por la persona amada y cada una es diferente. Pero en el fondo el amor tiene que ser amor y ahí es como la muerte, iguala a todos.  Puedo amar intermitentemente. Si te veo, si estás aquí, si me hablas y me narras tu vida como si fuera la novela más irreverente, y nos vamos de cervezas y siento que eres un compañero de vida estupendo, puedo amarte. También puedo no hacerlo cuando no te veo y no me hablas, cuando se me olvida lo que es hablar contigo. Es ...

Estás en Murcia.

Estás en Murcia y no me lo has dicho. Yo lo sé y no te lo he dicho. Y no sé si lo sabes. Pienso que eres un poquito cobarde. Pienso que yo también lo soy.  Y que estoy pensando de más, porque no sé si tienes razones para no decírmelo o es que te da igual.  Mi ego quiere pensar que es imposible que vengas a Murcia y no pienses en mí. Cómo es mi ego, ¿eh? Qué predecible y ordinario. Necesita pensar que es importante para ti, porque así es como se construye su identidad, creyéndose importante para los demás, así existe. El ego nunca brilla con luz propia, es solo una imagen que se refleja en el otro y vuelve a ti.  Me gustaría hablar contigo de todo esto. Pero soy demasiado cobarde y  propensa a pensar que mi presencia molesta más que agradar. Cuántas cosas que mirarse tiene una. 

Me apetece emborracharme.

Y no tengo con quién, pero tengo cómo. Me siento estéticamente muy madura (y un poco alcohólica) echándome un vaso de vino en mi casa, sola, en mi salón, con los Beatles de fondo y dos gatos mirando. Hasta que veo el bote de Coca-Cola y se me pasa.

Incongruencias I

Me sorprende cómo, de un tiempo a esta parte (menos mal que el tiempo es relativo), se me escapa el lenguaje cuando pretendo guardarlo en algún rincón, secreto y árido, para volver a él. Como un ente con voluntad propia, se larga por la ventana cuando me despisto y ya no llego siquiera a estirar los dedos en ese gesto tan de escritor bohemio en una buhardilla parisina frente a la máquina de escribir. Así, los discursos interiores son intensos pero fugaces, como rayos en una tormenta eléctrica. Incesantes, implacables, levemente insoportables. Quizá he cogido demasiada costumbre de dejarlos ir y ahora no quieren quedarse. Siento como si la vida fuera un río que corre delante de mí, y yo estoy ahí, sentada en la orilla, viéndola pasar, rápida y arrasadora a veces, relajada y acogedora otras. Y esto está bien, pero creo que no es como debería ser. No quiero ser arrastrada por la corriente como antes, pero quiero volver a bañarme en el río. ¿Es posible rodearte de toda esa agua y no s...

No sé decir "te quiero"

No sé decir “te quiero”. No así. No se forman las palabras. Me vuelvo imbécil, balbuceo incoherencias en mi mente, que no llega ni a hacer conexión con las cuerdas vocales. No me salen ni de lejos esos vocablos colocados juntos  en ese orden. Sé que da igual. Sé que te da igua l, q ue sabes lo que siento, que entiendes lo que quiero decir cuando digo cualquier otra cosa que no es eso pero que sí es eso y tú lo sabes. No tengo ni idea de por qué, de qué mudez súbita me secuestra la garganta y las palabras. No sé si se esconde algo ahí, y, sinceramente, tampoco le doy muchas vueltas. No al porqué. Sólo me sorprende lo incapaz que soy de juntar ocho putos fonemas en voz alta. Pero no importa, porque hay  muchas maneras de decirlo y nos vamos inventando  nuevas por el camino. Porque me alegro, porque efectivamente, porque  no te ralles ni te lo tomes muy en serio, porque espero que sepas que no voy a salir corriendo. Y porque te quiero.