Estás en Murcia.

Estás en Murcia y no me lo has dicho. Yo lo sé y no te lo he dicho. Y no sé si lo sabes.

Pienso que eres un poquito cobarde. Pienso que yo también lo soy.  Y que estoy pensando de más, porque no sé si tienes razones para no decírmelo o es que te da igual.  Mi ego quiere pensar que es imposible que vengas a Murcia y no pienses en mí. Cómo es mi ego, ¿eh? Qué predecible y ordinario. Necesita pensar que es importante para ti, porque así es como se construye su identidad, creyéndose importante para los demás, así existe. El ego nunca brilla con luz propia, es solo una imagen que se refleja en el otro y vuelve a ti. 

Me gustaría hablar contigo de todo esto. Pero soy demasiado cobarde y  propensa a pensar que mi presencia molesta más que agradar. Cuántas cosas que mirarse tiene una. 

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