El desencadenante.
Cualquier cosa puede ser el desencadenante. Vas andando por la calle, tranquilamente, pensando en nada, y de pronto, al cruzar un paso de cebra, ahí está.
<< ¿Por qué tengo que cruzar por aquí? ¿Quién lo ha decidido? ¿Por qué todos lo aceptamos? ¿Y por qué aceptamos todas las cosas que se nos imponen aunque no tengan sentido? ¿Tiene sentido un paso de cebra? Vamos, vamos, no seas tan así. Claro que sí. ¿Sí? ¿Seguro? No sé, tienen que existir porque existen coches y peatones. ¿Tienen que existir los coches? ¿Y de esta manera? ¿Así, dándoles toda la calle para ellos? ¿Así, cargándonos el mundo con contaminación y guerras? ¡El automóvil es el fin del mundo! Ya, ya… No empecemos. O empezamos. Tiene razón. Bueno, vale, pero ya sabes cómo acaba esto. Ya, ya… si ya hemos terminado. ¿Hay quien no piensa estas cosas? Dormidos. Anestesiados. Desgraciados. Cabrones. Esclavos. Yo soy más libre. ¿Eres más libre? ¿De verdad? ¿Sólo porque te das cuenta? Si sigues haciendo lo mismo, si sigues cruzando por el paso de cebra… ¿Es eso libertad? ¿Y qué es la libertad? Oh, qué gran pregunta. Qué profunda eres cuando quieres, ¿eh? Calla. ¿Existe la libertad? No, en serio, ¿qué es? ¿Se puede ser libre? En este mundo, en estas circunstancias, ¿se puede? Sabes que no lo sé. Hemos hablado mil veces de esto. Bueno, una más, lo mismo esta vez encontramos alguna respuesta. Sólo te vas a dar dolor de cabeza. Calla. Siempre te haces preguntas. Miles. Una tras otra. Nunca respondes, nunca encuentras la respuesta. ¿No es esa la gracia? No sé hasta qué punto. A veces me cansas. Ya, a veces yo también me canso. Pero nos estamos haciendo mejores en esto, ¿eh? Ya no hace falta hacer todo el recorrido cada vez. Pasamos del paso de cebra a la crisis existencial en un tris. No hagas bromas, que no está el ambiente para tonterías. Déjala a la pobre, que por lo menos está intentando animar la cosa – y de pronto –, Anda, mira, el mundo>>.
Cualquier cosa puede ser el desencadenante. Como unos niños corriendo detrás de una burbuja gigante de jabón.
<<Qué monos. Qué pequeños e inocentes. Qué bonito, joder. Y qué fácil. ¿Es realmente todo tan difícil? ¿Qué nos pasa? Hemos perdido el norte. Qué ganas de abrazarnos a todos y hacernos arrumacos mientras nos susurro que ya está, que todo va a estar bien. Y que nos lo creamos. Si en el fondo es lo que todos buscamos. Es todo lo que buscamos. Claro, si al final, de millones de maneras diferentes, somos todos lo mismo. Somos todas esas preguntas sin respuesta, y esa necesidad de responderlas. Y es siempre la misma pregunta. Preguntamos por aquello que no sabemos decir. Porque no se puede decir la respuesta. La respuesta es una sensación, es ese segundo en el que todo encaja y somos uno con el universo. Es un hoy la he visto, la he visto y me ha mirado, hoy creo en Dios. Y qué sensación. Si es que tiene razón. Hoy creo en Dios. Y los astros se han alineado. Y soy buddha y me hago una con el universo. Y a Murcia le da la luz así. Y el verde de esa hoja es mi color favorito. Y todo encaja y vale la pena y el mundo es maravilloso. Creo que el arte intenta decirnos eso. Plasmar esa sensación. No, plasmarla no, provocarla. Decirla. Quizá sin saberlo. Quizá el artista solo quiere compartir eso que le hizo sentirlo. Y quizá entonces todo el arte es lo mismo y solo hay uno. Y todo vale. Y no todo es arte, pero todo puede serlo>>.
Así camino, entre lo humano y lo divino. Cada día. Es divertido, aunque a veces no lo sea. Pero siempre vale la pena sólo por ese segundo.
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