Desde el privilegio de la mayoría
A ti, que encajas en todo, que crees que todo está más o menos bien tal y como está (o incluso mejor tal y como estaba), que nadas en el privilegio de sentirte uno con la mayoría, a ti no te permito juzgarme.
Tú, que crees en este sistema al margen de sus imperfecciones, que crees que esta es la mejor manera posible (la única manera posible), tú no lo vas a entender. No puedes verlo. Y te cabrea que yo no crea en lo mismo que tú, porque te pongo en duda, te digo a la cara que no tienes razón. Y tú me escupes, me dices que me largue si tan poco me gusta, que salga de aquí, que cree mi propio mundo. Pero no puedo, no se puede. Lo tenéis todo.
Yo no tengo el privilegio de creer en un sistema que ha ido creándose durante milenios para llegar hasta aquí. Tampoco a una sociedad apática que me permita campar a mis anchas. Nosotros nos ahogamos aquí, pero no tenemos adónde ir. Además, cada vez que alguien se atreve, que alguien lucha por salirse, lo perseguís hasta acabar con ello. Una vez. Y otra vez. Y otra. Nadie, en ningún lugar, está a salvo.
Y yo no hago nada. Me dejo llevar por el día a día y pongo excusas para no salir de mi zona de confort. No tengo que ser una heroína. Ni sentirme culpable por no serlo. Son solo justificaciones que me doy a mí misma gracias a que tengo el privilegio de tener alternativa. Tengo el privilegio de parecer de la mayoría, de tener la posibilidad de encajar en (casi) todo, aunque no me guste. Puedo elegir. Hay gente que no puede, pero yo no soy migrante, ni puta, ni gorda, ni trans, ni extremadamente pobre, ni analfabeta, ni vivo en un país que ha sido explotado por sus recursos o por su mano de obra esclava, no he sido abusada, ni violada, no tengo movilidad reducida, no soy racializada, no he vivido una guerra, ni nada de todas esas cuestiones por las que causamos tanto dolor, tanta injusticia y discriminación. Esas personas tienen que luchar porque no les dejamos alternativa. No hay hueco para ellos, así que se lo tienen que hacer por sí mismos.
Y yo sigo sin hacer nada, porque no tengo respuesta, no sé qué hacer. Pero el ruido no para. Esa sensación de que puedo, de que debo hacer algo. Que la respuesta está en algún lugar escrita. No sé si es la respuesta a todos los problemas del mundo (o a alguno siquiera), o solo es la respuesta a aprender a parar el ruido. Tampoco sé si es justo que me dé igual cuál de las dos sea, pero me valen las dos (creo que no lo es). No importa, porque aunque la respuesta esté escrita en algún lugar, yo hace mucho que no leo. Estoy demasiado ocupada llevando el frenético ritmo de vida creado y estipulado en este mundo para sobrevivir precisamente así, demasiado ocupada para nada más. Para leer. Para pensar. Para cuestionarte. Y, no nos engañemos, no es que no tenga tiempo libre, es que el que poco que tengo lo invierto en cualquier mierda que me echen por una pantalla, porque estoy cansada y no quiero leer, no quiero pensar. Lo han conseguido. O solo es una excusa dado que soy demasiado cobarde. Y el ruido no para.
Y, después de vomitar todo esto, creo que puedo ya irme a dormir.
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